Generalmente me dan ganas de escribir de madrugada. La mayoria de los post son a esas horas.
Quizas por lo del cansancio digo mas gilipolleces de las acostumbradas, pero bueno. A lo que ibamos...
Esta es la historia de un niño sin nombre, un libro viejo y una fiebre del copon.
Aunque en realidad la historia no empieza asi. Sin las ideas de un tuberculoso hace 125 años, no estariamos aqui. Que jodido es el azar que llevo a ese niño y ese libro a unirse en ese preciso momento.
Pues bien...
Niño, libro y fiebre convivieron juntos durante 3 o 4 dias, tumbados en una cama.
Durante ese periodo, el niño se aventuro a un mundo nuevo. Se vio proyectado a traves del libro lejos de la cama donde reposaba. Y viajo. Viajo progresando en el conocimiento del mundo en el que vive y en el conocimiento de si mismo. Cambio así su vida para siempre.
Quedo cautivo por la historia escrita por un tuberculoso que tenía problemas con el alcohol.
La puta fiebre quizá afectara la cabeza del puto niño, e hiciera que alucinara con las lineas de esa historia de miedo con la cual empezo la historia.
Es famosa la silueta de John Wayne al finalizar Centauros del desierto, pero la silueta de otro hombre al entrar en una posada le marcara toda su vida. Le marcara la tripulación del Walrus a la que pertenecia ese hombre y otro más importante aún.
Tuberculoso y niño quedaron prendados del tripulante del Walrus y cocinero de La Hispaniola.
El niño nunca conocio a nadie como el. Al más astuto, rastrero, listo, ambicioso, amable, peligroso y diplomatico.
Nunca vio a nadie tan sagaz. Sabia como dominar la situación con una sola mirada y conocia el doble juego, la doble cara, la manera que dijera lo que dijera, saliera siempre victorioso.
Escapando de la realidad y de la fiebre que le ataban a la cama, estaba el niño.
Escapando de la realidad y de la muerte que le acechaba, estaba el tuberculoso.
La fiebre acabo, el libro se termino y el niño crecio.
La tuberculosis no ceso, la muerte lo encontro y aunque toda su vida la estuvo huyendo, el tuberculoso, obviamente, palmo.
Han pasado 17 años desde que todo comenzó para el niño, el cual, sigue siendo un aficionado comparado con Long John Silver,el cocinero, el pirata.
El puto niño va a cumplir pronto 24 tacos.
La idea que tiene de la realidad es que es una mierda, pues como lei hace poco, el mundo esta sordo a las grandes ideas, sordo a la solución a ciertos problemas.
La realidad le aburre tanto, le parece ya tan obvio todo lo que pasa, que a veces la ignora completamente (craso error por su parte).
Pero debemos aceptar a este puto niño tal cual es, ya ira cambiando a base de fallos. Pero no solo a este niño sino al mundo entero, incluidos los politicos. Hasta cierto punto. El llamado punto de no retorno. ¿Y cuando se cruza ese punto? Hasta donde llegue nuestra paciencia.
El puto niño ya se ha cargado unas cuantas, pero sigue
aceptando y
comprendiendo que Long John Silver es el mejor hijo de puta que ha conocido en su vida.
Gracias a Robert Louis Stevenson, el tuberculoso y borracho, por escribir "La isla del tesoro" y cambiar mi vida para siempre.
Me dan pena los hombres cómodos, resignados y razonables que ignoren este placer, el placer de convertir a un libro como este, en la mejor de sus aventuras.